7.5.12

Articulo contemporáneo


Miedo, entretenimiento y arte
Por: Diego Valbuena

Siempre defenderé la idea de que el conocimiento se debe generar en la interacción con nuestros cercanos (y a veces con lejanos) y no como un pensar solipsista o aislado dentro de un cuarto sin asomarse por ninguna ventana. De ahí que, a partir de un par de charlas valiosas sobre el arte, su sentido en la actualidad, el lugar del poder adquisitivo en el desarrollo creativo del artista, pretendo dar unas cuantas reflexiones, agradeciendo profundamente a mi interlocutora, la artista Sam García.

Como en anteriores entradas, reitero que acá he ido describiendo desde mi experiencia cómo el miedo terminó siendo un recurso efectivo para el control de las acciones, e incluso de los pensamientos, de las personas y nos ha mantenido en un estrado letárgico con unas cuantas manifestaciones reaccionarias que, lastimosamente, pierden su fuerza en el tiempo. Definitivamente son importantes ese tipo de expresiones y manifestaciones, pues de no haberlas, estaríamos comportándonos como la mayoría de los personajes de Huxley en Un mundo feliz. Y no es gratis lo que este autor nos dice en esta novela: la felicidad radica en que otros piensen por nosotros, otros tomen decisiones por nosotros y que nosotros nos limitemos a unas cuantas acciones programadas por otros. 

Ahora bien, a propósito de esta entrevista que le hacen a Vargas Llosa sobre el lugar de la cultura en la actualidad, y la presentación de su ensayo La civilización del espectáculo, y sumándole a todo esto las jornadas de reflexión con mi amiga Sam sobre el arte en nuestra sociedad, son varias las preguntas que emergen a partir de lo que vemos, escuchamos y leemos a diario sobre eso que los medios llaman arte y entretenimiento. 

En nuestra sociedad, en este territorio, por lo menos, parece que la cultura del entretenimiento se impuso con gran victoria sobre todas las demás posibilidades culturales que la humanidad ha configurado y configura continuamente en el devenir de sus interacciones. Y más que imponerse, terminó redefiniendo todo lo que se le parece, todo lo que se le acerca, todo lo que suena parecido. El arte de hoy es arte de entretenimiento. Me refiero a arte en todas sus posibilidades y manifestaciones (desde la pintura hasta la literatura pasando por teatro y performances). Hoy, el plan de ir a un museo (entrada gratis los últimos domingos de cada mes) se compara con ir a Salitre Mágico o el paso a Melgar. Si hay poco dinero, pues se va a museo de entrada gratis (es casi que demencial pagar por ver unos brochazos y unos pedazos de piedra ahí, puestos). ¿Por qué sucede esto?

El arte, como actividad, oficio, profesión, labor, igualmente ha entrado en la lógica del sistema de mercado como el ser ingeniero o profesor. Ser artista es hoy debatirse entre mantenerse fiel a la expresión de una subjetividad (interna o externa), o a plasmar algo que guste a alguien y que  pague por ello. ¿Ambas cosas podrían ser compatibles? En mi opinión, no. Pues en el momento en que el artista lo que busca es usar ciertas herramientas en un proceso comunicativo, donde la importancia recae en eso que se desea transmitir (no necesariamente comunicar, como un sentimiento), el valor de dicha expresión (plástica, musical, teatral, escrita, etc.), está por fuera de los límites del dinero y se ubica en el plano de la reflexión por el sentido de nuestras vidas. La realización del artista debería ser, entonces, ser visto o escuchado o leído. ¿Y de qué vive? 

El artista no es igual que el ingeniero o el médico, por más que se presione la comparación y se afirme que ambos son profesionales y que ambos se están preocupando por el bienestar de la humanidad y todas esas ideas. El artista debe construir su obra para aportar a la comprensión del mundo (y de ahí su mayor proximidad con el filósofo), y así dar cuenta de una mirada particular que se vuelca sobre el artista, pero también sobre quien contempla la obra. Considero que para alcanzar este objetivo, el artista no puede estar pensando, en paralelo, en cómo vivir de su obra. El consenso encontrado entre Sam y yo es que, todo saber brinda unas herramientas que deben ser aprehendidas para realizar las labores particulares, siendo así, el artista, en particular, puede buscar el sustento económico en la transmisión de ese saber, o, también, en la variación de uso de las herramientas adquiridas en otras actividades donde no se comprometa la obra del artista. Pongamos un ejemplo. 

Sam es artista plástica, ha hecho la carrera de Artes Plásticas y se acerca el final de esta etapa. Pareciera que la lógica dictaminara que debe buscar cómo vender(le) su obra, para el sustento de su vida y su obra (que es casi una redundancia). Pero, más bien, podemos deconstruir la acción y afirmar que, al haber dedicado cinco años de su vida a la academia, Sam ha adquirido una serie de herramientas que le permiten construir su obra, pero que también puede hacer con ellas otras actividades, que le den una entrada económica (como la enseñanza formal, informal, no formal) y en ese camino no comprometer el sentido de su creación.  

Este ejemplo puede llevarse a todos los planos de creación artística: literatura, cine, teatro, danza, etc. ¿Por qué considero esto importante?  Porque el arte en la actualidad está vacío de sentido y lleno de valor comercial. Porque hoy el arte están enquistado en el enorme mundo del entretenimiento, y no de la reflexión y el cuestionamiento. Porque hoy el artista es más una estrella que un pensador. Porque el arte abandonó sus preguntas para empezar a dar respuestas ante las cámaras, con el fin de que ese rostro (antes que esa obra) sean recordadas en la memoria a corto plazo de los consumidores de espectáculo-arte. Porque a la hora de pensar en alimentarme dejo de lado toda posibilidad de reflexión profunda sobre el ser y su estética.

El miedo ha capturado al arte, no como fin, sino como medio. Esta captura ha dejado un enorme vació en la sociedad, vacío de reflexiones, preguntas, vacío de discusiones y críticas. Siempre, para vencer al miedo, primero debemos entenderlo para, posteriormente, encontrar el camino que nos desprenda de sus ataduras y así alcanzar el fin del miedo.


Articulo que el autor nos envía a través de su blog.


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